Todo comenzó con una pregunta, no con una conclusión
Los primeros trabajos de Gustavo Bounous y Patricia Kongshavn estudiaban cómo distintas fuentes de proteína podían producir respuestas diferentes.
En 1983, por ejemplo, un experimento comparó lactoalbúmina con caseína, soya, trigo y otras fuentes proteicas en ratones. Las dietas tenían una eficiencia nutricional comparable, pero no generaron la misma respuesta en las variables estudiadas.
Aquello no demostraba todavía qué componente era responsable.
Pero sí abría una pregunta suficientemente interesante para continuar investigando.
Qué aporta un estudio en animales
Los modelos animales permiten observar un organismo completo: digestión, tejidos, metabolismo y respuestas biológicas que no pueden reproducirse de la misma forma en una placa de laboratorio.
Pero siguen siendo animales.
El propio compendio científico señala que los resultados obtenidos en ellos no garantizan que la misma intervención produzca idénticos efectos en humanos.
Ese límite no vuelve inútil el experimento. Lo convierte en una pieza diferente del rompecabezas.
En la investigación temprana relacionada con Immunocal, estos estudios permitieron observar asociaciones entre determinadas proteínas de suero y variables como glutatión tisular, ayudando a decidir qué preguntas justificaban continuar investigándose.
El laboratorio permite desmontar el mecanismo
Los estudios in vitro reducen el problema a células, tejidos o sistemas mucho más controlados.
Eso permite investigar mecanismos con una precisión que sería imposible dentro de un organismo completo.
En el material científico sobre Immunocal aparecen, por ejemplo, experimentos con células humanas donde se midió GSH intracelular después de exponerlas al aislado de proteína. En uno de ellos, el GSH de linfocitos cultivados aumentó de forma dependiente de la concentración bajo las condiciones estudiadas.
Ese tipo de resultado puede ayudar a responder: “¿puede ocurrir este mecanismo?”
Pero todavía no responde: “¿qué efecto tendrá tomar el producto en la vida cotidiana?”
El propio compendio enfatiza que muchos resultados in vitro nunca llegan a reproducirse de la misma manera en seres humanos.
Cuando la investigación llega a personas, cambia la pregunta
Un ensayo humano permite medir resultados dentro de una población real.
Pero tampoco todos los estudios humanos tienen el mismo peso.
Importan factores como:
- número de participantes;
- duración;
- grupo de comparación;
- aleatorización;
- cegamiento;
- adherencia;
- variable principal estudiada.
Por ejemplo, un estudio de Immunocal publicado en 1999 trabajó con una muestra pequeña de adultos jóvenes y encontró cambios en GSH y determinadas variables de rendimiento.
Un estudio posterior de 2015 reclutó 99 adultos mayores dentro de un protocolo aleatorizado, doble ciego y controlado, y estudió Immunocal junto con entrenamiento de resistencia.
Ambos son estudios humanos. Sin embargo, no responden exactamente la misma pregunta.
Un estudio piloto puede ser valioso sin ser definitivo
En la investigación humana también existen estudios exploratorios o piloto.
Su objetivo suele ser comprobar si una intervención es viable, observar señales iniciales o generar información que permita diseñar un ensayo posterior más sólido.
Por eso un estudio piloto no debería ignorarse, pero tampoco recibir el mismo peso que varios ensayos controlados consistentes.
La palabra “humano” por sí sola no basta para determinar la fuerza de una evidencia.
¿Cuánta investigación reúne el material sobre Immunocal?
El compendio que estamos utilizando reúne 85 publicaciones y las clasifica en:
- 25 estudios en animales;
- 7 estudios de laboratorio;
- 19 artículos teóricos, de opinión y revisión;
- 34 estudios e informes en humanos.
Además, señala la participación de investigadores, instituciones y revistas de distintos países.
Ese volumen es interesante, pero el número total no debería reemplazar la lectura individual de los trabajos.
Ochenta y cinco publicaciones no significan ochenta y cinco pruebas de la misma afirmación.
Cada una tiene una pregunta, un diseño y un resultado distinto.
La forma más útil de leer esta historia
- Laboratorio
- ¿Existe un mecanismo que valga la pena investigar?
- Animales
- ¿Qué ocurre cuando ese mecanismo actúa dentro de un organismo completo?
- Estudios piloto en humanos
- ¿Aparece alguna señal cuando se lleva la intervención a personas?
- Ensayos controlados
- ¿Se mantiene esa diferencia cuando la comparación es más rigurosa?
No todos los temas han recorrido necesariamente todo ese camino.
Pero reconocer en qué punto se encuentra cada resultado evita dos errores frecuentes: descartar una observación interesante demasiado pronto o presentar una señal preliminar como una conclusión definitiva.
Lo interesante de Immunocal está en poder seguir el recorrido
Immunocal no apareció primero como producto para después construir una explicación científica alrededor.
La documentación que revisamos describe una historia que comenzó décadas atrás con investigación sobre proteínas de suero y respuestas biológicas, continuó con el estudio de cisteína y glutatión y finalmente dio lugar al desarrollo del aislado.
Entender ese recorrido permite apreciar la ciencia sin convertirla en publicidad.
Y también permite hacer mejores preguntas cuando alguien afirma que “un estudio demostró” algo.